Carta a la sociedad (y vale decir tacos)

Querida sociedad:

Toda la responsabilidad no es mía y hoy lo siento mucho pero toca repartir culpas. El otro día leía que una de cada cuatro mujeres nacidas en la segunda mitad de los 70 no tendrá hijos y que esto es un problema colectivo, o que cada vez retrasamos más el momento de ser madres y esto también es un problema colectivo.

Está muy bien ir visibilizando ese problema colectivo de los bajos índices de natalidad, pero yo sigo notando un tonillo paternalista en todo lo que leo, entre líneas sigo recibiendo un mensaje de “vamos a ayudar a la mujer, que ella sola no puede”, un “a ver si así se anima”, y eso a lo mejor también es un problema colectivo que no se soluciona a golpe de guarderías o cheques bebé.

Porque si somos madres tardías, o tenemos pocos hijos, o ninguno, muchas veces no es por nuestro gusto, o por nuestro capricho de que es que ahora lo queremos todo, hacer carrera y encontrar al hombre perfecto, sino porque es difícil decidirse a traer un hijo al mundo cuando la única opción que el mundo te deja entonces, a ti como mujer, es bajarse de él.

 

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Imagen de Mafalda de Quino

No son suficientes los artículos que hablan de nosotras, o las promesas electorales que luego nunca se cumplen, o los miserables beneficios fiscales, o las plazas de guardería que nos tocan por sorteo. No son suficientes los libritos de los gurús para conciliar o criar, o para que nuestros bebés duerman mejor, o las palmaditas en la espalda diciendo lo difícil que lo tenemos las mujeres ahora, o los consejitos de todo ser viviente que se cruza en nuestro camino.

Lo que necesitamos es que, además de las obvias y requetesabidas medidas que todo gobierno debería tomar para que la conciliación fuera ya no digo real, me conformo con menos ficticia, la sociedad se entere de que no es culpa nuestra que tengamos que decidir entre tirar por la borda nuestra carrera profesional (si somos afortunadas y tenemos una, porque puede que a pesar de ser “madres tardías” aún estemos tirando de prácticas o contratos temporales), o externalizar los cuidados y la crianza de nuestros bebés cuando son tan pequeños que aún no saben que nosotras y ellos no somos el mismo cuerpo. Tampoco es nuestra culpa que encontrar una pareja con quien tener un hijo, un compañero maduro y suficientemente generoso, que esté dispuesto en dicho y hecho a compartir las responsabilidades que la paternidad implica, todavía sea por desgracia una tarea larga y complicada. Y tampoco es culpa nuestra que nuestros hijos enfermen o que los calendarios laborales y escolares no cuadren ni por asomo.

Lo que necesitamos es que la sociedad comprenda que tenemos una responsabilidad compartida, y que a parte de medidas de conciliación hace falta un cambio de actitud, más compromiso por parte de todos, y con todos no me refiero solo a empresarios y políticos, porque si tenemos un problema colectivo la solución debe ser también colectiva, y no de unos pocos.

Creo que hace falta también otra mirada. Porque casi todas nosotras, en un momento u otro, nos hemos sentido juzgadas. Por el momento que elegimos para ser madres, o por no serlo, por el número de hijos que tenemos, por la manera de criarlos, por dejar el trabajo o por no haberlo dejado, por llevarlos tan pronto a la guarde, o tan tarde, por que los tengan que cuidar los abuelos, u otra persona, por darles aún el pecho o por darles el biberón con lo buena que es la teta, porque los sobreprotegemos demasiado y luego se enmadran, o porque no nos ocupamos lo suficiente, o porque no sabemos poner límites, o porque los niños de los demás desde bebés ya dormían la noche entera… No os podéis imaginar cuántas veces nuestra manera de hacer las cosas es objeto de críticas, cuántas veces nos sentimos frente a un tribunal popular por nuestras decisiones, cuando casi siempre se desconocen nuestras circunstancias.

Lo que nosotras necesitamos es que se nos respete y se nos apoye, no tener que andar constantemente dando explicaciones de por qué hacemos las cosas como las hacemos, no tener que pedir disculpas cada vez que nuestros hijos se ponen enfermos o tienen fiesta en el cole.

Lo que toda la sociedad necesita es que la próxima generación sea diferente, que hombres y mujeres compartan responsabilidades, que la conciliación no sea una quimera, y que la mujer que tenga hijos no sea castigada profesional ni económicamente. En nuestras manos está educar a esa próxima generación de otro modo, si queremos tener más hijos.

(Al final no he dicho tacos, todo sea por la educación.)

 . . . . . . . . . . . . . . .

 

Alejandra-alma-maters

 

Alejandra Yuste
Emprendedora en serie, comunicadora y soñadora. Lo hago todo poniendo el alma y a mi manera, porque si no, me pierdo y no me encuentro. Deseo un mundo mejor.

 

 

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1 Comment
  • Mariú

    24 febrero, 2016 at 9:03 Responder

    Cuanta verdad, la escucho una y otra vez y aún así la veo lejos… Pero bueno, a ver si las próximas generaciones lo tienen más fácil. A ver si tu voz y la de muchas que se levantan permiten abrir camino!!! Gracias!

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