Frenos y prejuicios a la hora de “vendernos”

 

Como madres trabajadoras es más importante que nunca saber valorarnos y hacernos valorar. Trabajamos en infinidad de temas y a menudo nadie nos lo reconoce. Hacemos mil y una tareas pero no ponemos esfuerzo en dar valor a lo que hacemos y en comunicarlo… y por eso pasan inadvertidas.

¿Tienes la sensación de que en tu entorno no se valora lo suficiente todo lo que estás haciendo? ¿Conocen tu jefe o tus clientes las tareas y proyectos que estás llevando a cabo? ¿Sueles dedicar tiempo a comunicar lo que has conseguido con tus acciones?

La ley pareto del 80/20 también se puede aplicar a estos casos. Hacer tareas productivas en un 20%  del tiempo y dedicar un 80% del tiempo a comunicarlas para que se conozcan. Puede parecer exagerado, pero si no nos ven, somos invisibles. Nadie nos tendrá en cuenta.

Para saber comunicar bien lo que haces es importante que transmitas seguridad, credibilidad y claridad. Pero para conseguir esto, primero necesitas sentirte segura, creen en ti y tener claro lo que quieres!!

Vamos a ver cuáles son esos saboteadores que no permiten que mostremos nuestro valor. Seguro que algunos te suenan 😉

1-      El miedo: existen muchos miedos. Miedo al rechazo, al fracaso, al que dirán de nosotras…  El miedo es una emoción instintiva natural, que nos ayuda a ser precavidos y nos mantiene alerta para sobrevivir, pero si nos paraliza para actuar y no nos deja avanzar se convierte en una emoción inútil.

¿Cómo hacerle frente?

Relativiza el miedo. Aplica lógica y ten una visión objetiva de tus miedos. Por ejemplo, mira el rechazo como algo enriquecedor que te ayuda a mejorar tu idea. No podemos agradar a todo el mundo y por lo tanto ver diferentes puntos de vista permite que puedas pulir tus propuestas y saber para quién son adecuadas y para quién no.

 

2-      Los pensamientos negativos: eso que nos decimos a nosotras mismas en nuestra radio interna cuando estamos pesimistas. Son pensamientos como “no soy suficientemente buena”, “no soy capaz”, “saben más que yo”… Esto se denomina el síndrome del impostor. Una lucha interna de inseguridad con pensamientos que no están justificados objetivamente. Hasta los máximos expertos y personas experimentadas confiesan tener estos pensamientos.

¿Cómo hacerles frente?

Reenfoca tus pensamientos. Hazte preguntas  para dar solución a estas inseguridades, del tipo ¿qué puedo hacer para hacerlo mejor?, ¿qué tengo que hacer para conseguirlo?, ¿qué tengo que hacer para que esto no suceda? Así aprovechas estos pensamientos para encontrar soluciones a tus inseguridades.

 

3-      Las creencias limitantes: que coartan nuestro potencial de crecimiento. Por ejemplo, existe la creencia de que basta con ser buenas trabajadoras, ya que si hacemos bien nuestro trabajo, lo acabaran viendo. Pues no, resulta que hay tanto ruido en nuestro entorno, que tenemos tantos inputs diarios, que si no nos centramos en explicar lo que hacemos y lo hacemos de forma eficiente, nadie nos tiene en cuenta.

¿Cómo hacerles frente?

Potencia tu visibilidad. Piensa en lo que realmente le interesa a la gente en la que quieres influir y traza una estrategia de comunicación, en la que de forma habitual puedas comunicar tus avances y lo que vas haciendo. Incluso puedes agendártelo para que sea algo constante y sea en el momento y lugar adecuado.

 

4-      Los prejuicios: todas tenemos opiniones preconcebidas que a menudo son erróneas, como pensar que “venderse es malo”. Esto es a causa de algunas personas que venden humo y van exagerando o explican acciones sin ser real lo que hacen. Son una minoría, porque vender desde la ética es un gran servicio y hasta que no te quites este prejuicio de la cabeza, no podrás generar confianza en los demás.

¿Cómo hacerles frente?

Piensa a quién estás ayudando con tu trabajo. No se trata solamente de ponerte a ti en el centro del mensaje, sino también de valorar el sentido de tu trabajo. Explicar el porqué lo haces y a quién ayudas.

 

5-      El perfeccionismo: es muy común no querer explicar nuestro trabajo o nuestro proyecto, hasta que no esté acabado y perfecto. Este es un gran error ya que nosotras  solas nunca tendremos toda la información objetiva para hacer bien un trabajo, y compartirlo es una buena forma de poder mejorarlo y que pueda ser más útil para los demás.

¿Cómo hacerle frente?

Prevende tu trabajo. Comparte las ideas en las que vas a trabajar, el proceso que estás sufriendo o los problemas que te vas encontrando. Esto te permitirá validar tu trabajo e ir ganando la seguridad de que vas en la dirección adecuada. Además, incluyendo los feedbacks que recibes, vas a poder realizar un mejor trabajo y seguro que encuentras colaboraciones con personas que no te hubieras planteado.

 

¿Te has sentido identificada con estos frenos?

Levanta el pie del freno y pisa el acelerador, ya que valorando tu trabajo entrarás en una espiral positiva donde tu carrera cada vez avanzará más rápido. ¡Empieza ya a valorarte!

 

 

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Laia Arcones
Mama, marketera y bloguera. Especialista en estrategia de marca y comunicación. Empeñada en que cada persona brille con su marca personal.

 

 

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