mindfulness para madres

Ser madre hoy día es una realidad compleja, y uno de nuestros retos es saber encontrar el equilibrio para manejar los conflictos cotidianos, y transmitir a nuestros hijos las herramientas que les permitirán a ellos gestionar los suyos.

El equilibrio no es fácil de lograr y de hecho suele ser inestable. Para acercarnos a él un buen maestro es el silencio. Silencio para parar nuestro ritmo frenético. Silencio para escuchar cómo está nuestro cuerpo y nuestra mente. Silencio para escuchar a nuestros hijos de verdad y no sólo a medias. Silencio para contactar con nuestras necesidades y las de nuestros hijos en esta realidad cambiante. Porque el mundo ha evolucionado mucho, pero las personas necesitamos lo mismo de siempre: amar y que nos amen, escuchar y que nos escuchen, abrazar y que nos abracen, conectar con quienes somos para poder conectar con los demás. Y esto a veces no es fácil entre tanto ruido.

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Una práctica interesante podría ser que te preguntaras:

  • ¿Cuándo fue la última vez que estuviste en silencio?
  • Cuando estás sola, ¿dedicas algo de tiempo a escucharte?
  • ¿Eres consciente en tu día a día de cómo está tu cuerpo?
  • Cuando estás con tus hijos, ¿cómo respondes normalmente a sus demandas, con el piloto automático o de forma consciente?

 

Una forma de cultivar el silencio es el Mindfulness o la Atención Plena, que consisten en entrenar la intención de prestar atención al momento presente sin juzgar. Es una capacidad, la de prestar atención, que tenemos todos y que podemos entrenar de formas muy diversas. Para las madres es una herramienta muy útil, ya que continuamente se dan situaciones con nuestros hijos, en nuestro presente, que tenemos que atender, entender y resolver. Y si enfrentamos estos conflictos cotidianos con la intención de estar atentos a lo que ocurre en la interacción con nuestros hijos, en el presente, sin dejarnos llevar por lo que pasó ayer o lo que pasará mañana, y sobre todo sin juzgar, ni a nosotras ni a ellos, es posible que los resolvamos de una manera diferente, quizás más amable. De hecho, las madres lo hacemos de manera intuitiva con frecuencia, como cuando jugamos con nuestros hijos como si no existiera el tiempo o como cuando abrazamos a nuestro bebé y sentimos su cuerpo con el nuestro y todo está bien así.

Una propuesta para que esas intuiciones se amplíen es hacer pequeñas prácticas de Mindfulness en nuestro día a día, dentro de nuestras posibilidades, como por ejemplo:

  • Mientras vamos al trabajo, sea en coche, en transporte público o andando: en lugar de ir “pensando sin pensar”, en piloto automático, fíjate en tu alrededor, mira bien y atentamente los colores, las formas, escucha los sonidos, nota tu cuerpo.
  • Cuando hacemos tareas de casa, como hacer la comida: fíjate por ejemplo en cómo tu mano coge los diferentes ingredientes, párate a sentir el olor, a mirar el color de los alimentos.
  • Mientras duermes o ayudas a dormir a tu hijo: nota cómo está tu respiración, mira atentamente a tu hijo, escucha cómo se encuentra, fíjate en su postura y en la tuya, observa si estás presente en la transición al sueño o estás sintiendo la urgencia de que acabe para hacer otra cosa.

La idea es ir ampliando estas prácticas a los diferentes momentos cotidianos, cuando sea posible, para ejercitar nuestra capacidad de estar presentes en nuestra vida.

En esencia, practicar Mindfulness nos ayuda a estar conectados con lo que hay, no con lo que fue o con lo que nos gustaría, a conectar con la madre que somos en realidad y con el hijo que tenemos, sea como sea. Y esto que parece muy simple en realidad es revolucionario, ya que Mindfulness nos ayuda a enfocar en las experiencias reales y desde ahí se abren infinitas posibilidades. La vida y su complejidad, a partir de ahora, se pueden convertir en una oportunidad continua para practicar el silencio, y poder así tener más calma y más libertad.

 

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Marina de Caso
Psiquiatra, terapeuta familiar e instructora de Mindfulness. Las relaciones humanas son uno de mis motores vitales. Mi deseo es compartir lo que voy aprendiendo de ellas.

 

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4 Comments
  • Elena Duaro

    5 febrero, 2016 at 6:32 Responder

    Me gustó mucho el artículo Marina. Hace mucha falta esa presencia, conectar con nuestra esencia para poderla ofrecer al mundo. A mi me gusta practicar el YO SOY para conectar con el presente, con el AQUÍ Y AHORA, y me ayuda a enfocar la mente y dejar ir todo el ruido que se genera a lo largo del día.
    NAMASTÉ! 😉
    Encantada de saludaros!

  • Mila Garrido

    11 febrero, 2016 at 22:12 Responder

    Me parece muy interesante! Es una nueva forma de enfocar y orientar mi vida. Conocer mi forma de ser y actuar para modificar aquellos aspectos negativos en mis relaciones con los demás.

  • tamara Gil

    15 diciembre, 2016 at 14:25 Responder

    Marina,el mindfullnes se practica desde hace miles de años,se le llama YOGA, en yoga la atención plena se trabaja constantemente y es un paso previo a cualquier meditación.Lo siento si personalizo al contestarte a ti pero ando un poco cansada de modas…..El mindfullness es el no va más desde hace un tiempo y la verdad es que No ,repito, no es nada nuevo.Es una de las técnicas ancestrales del Yoga.

    • Marta Vázquez Marco

      27 diciembre, 2016 at 20:42 Responder

      Gracias por tu opinión Tamara, pero si has leído el articulo verás que en ningún caso Marina dice que sea algo nuevo o una moda. Todo lo contrario, explica como aplicar técnicas de silencio y meditación y sus ventajas, específicamente en el caso de ser madres. A nosotras nos parece muy interesante porque, aunque sea algo muy antiguo, no todas lo conocemos. Da igual si es una moda, o qué nombre le pongamos, lo importante es que es una herramienta más para crecer, ¿no crees?

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